dissabte, 5 de setembre del 2026

Es casi inconcebible

Que somos islas, mundos paralelos, biografías andantes, mentes a la deriva en piloto automático, se observa con claridad en la muerte de un ser muy querido. 

Cuando murió Alèxia, no salía de mi asombro al ver que el mundo, no el mundo en general, sino el mundo alrededor cercano, seguía como si nada hubiera acontecido. Yo quería gritar ¡qué hacéis, que no veis que ha muerto mi hija!, no entendía como seguían en las pequeñas cosas de cada día cuando nuestro naufragio era evidente, era inconcebible que en la television siguieran emitiendo partidos de fútbol o que un vecino hablase del tiempo en el ascensor, era obsceno seguir comprando comida en el mercado, abrir el correo de casa, pensar que tendría que volver al trabajo, ver a la gente seguir navegando en su mar particular de preocupaciones mundanas, no entendía que todo siguiese su curso mientras mi vida se debatía en un hiato tremendo de desesperación y locura.

Como dice muy acertadamente Rocío Acebal Doval en su poema “Es casi inconcebible”, al final volvemos a la rueda, a esta cadena de presentes que llamamos vida, mientras su vida, la vida de nuestro ser querido, se paró definitivamente un día cualquiera de hace tantos años…

Unos le llaman a esto aceptación profunda, yo creo que es una trampa más de nuestra mente para poder sobrevivir.


ES CASI INCONCEBIBLE


Es casi inconcebible:

tu vida se ha parado mientras el mundo gira.


La gente ríe en las terrazas.

Querrías increparles

“¿cómo podéis seguir tomando café?”,

“no veis que vuestras risas son obscenas?”,

pero solo les miras con angustia.


Algunos se detienen

un instante en el duelo que te habita,

repiten los clichés

y te tocan los brazos con cuidado

de que no les salpique tu tristeza.


Después se van, murmuran entre sí

“figúrate tan joven, qué desgracia”.

Algunos llaman a sus padres, dicen

“te quiero”, “aunque no lo diga a menudo sabes

cuanto te echo de menos”,

pero poco después

hablan del fútbol, la política, el trabajo, como

si nada hubiera sucedido.


Un día -da apuro confesarlo-

tú misma te descubres en plena carcajada

mientras alguien te mira con angustia.


Es casi inconcebible:

su vida se ha parado mientras tu mundo gira.


Rocío Acebal Doval (Inédito)








dilluns, 22 de juny del 2026

Poesía, siempre

Después de visitar la Fundación de Rafael Alberti en Puerto de Santa María y recorrer la exposición de los 100 años de la Revista Litoral en Málaga (y la Imprenta Sur, donde se imprimieron los primeros números de la revista en la década de los 20 del siglo pasado), qué mejor que volver a casa con este magnífico libro de poesía de Alfonso Brezmes "El don de la tristeza". Lo descubrí en la librería Proteo Prometeo de Málaga, pero luego me lo he ido encontrando en otras librerías (Cádiz, Línea de la Concepción, Puerto de Santa María, Algeciras...) y ahora entiendo el por qué. Poesía sensible, que rebosa verdad, sabiduría, lucidez, compasión y es un tesoro revelado para estos tiempos de oscuridad que estamos viviendo. Porque escribir poesía es un oficio necesario y urgente, para ambos, escritor y lector, como dice Alfonso en su poema "Los Oficios": Mi oficio es entregarte un sobre en llamas. / El tuyo es abrirlo / antes de que sea ya tarde.


DE VITA BREVIS

Preferir siempre lo pequeño,
que el corazón no se acostumbre
nunca a la abundancia y dejar
por toda herencia
a los demás las cosas grandes.
Que todo pese mucho
y haya muy pronto que soltarlo,
como quien lleva un cazo ardiendo
o desiste un día de la infancia
de llevarse, cubo a cubo, el mar.
Y así, con lo leve y con lo puesto,
ir echando raíces en el aire
hasta reconstituir aquel jardín 
que alguna vez llamamos con nostalgia,
para poder soñarlo, paraíso.

Alfonso Brezmes
El don de la melancolía
Editorial Visor Libros
2026

Dibujo de Rafael Alberti, para la Fundación




dimarts, 31 de març del 2026

Isla

Como una isla.

Así cien mares me rodean

apagándome los caminos.

Dedos de espuma me señalan

desde las altas rocas frías.

Labios de sombra me pronuncian

sembrando el aire de sonidos.

Tiendo mis manos.

Cuánto vacío me limita.

Toco la arena que señala

la raya azul de los abismos.

Qué dócilmente se me nublan

de antiguos sueños las pupilas.

Ahora comprendo cuántas cosas

de entre las manos se me han ido:

pájaros leves que alumbraron

mi corazón en otros días;

la fe que tuve cuando todo

estaba lleno de sentido…


Miro a lo lejos:

solo la sombra en torno gira.


Angelina Gatell

Las contemplaciones (1969)




dissabte, 14 de febrer del 2026

Polvo enamorado


OJOS DE AROA

¿Será mañana?

¿No es ahora la hora

de nuestra muerte?


Coro del alba,

tres veces canta el gallo,

y luego calla.


El coche fúnebre

levanta al paso mirlos,

que se santiguan.


Entre las tumbas

dos séquitos de cruzan.

Somos los ríos.


Llega la hora:

los muertos enterramos

a nuestros muertos.


Sigue el cauce

hermanos, tíos, primos…

Cantos rodados.


Besó mi madre

la urna de su nieta.

Se desató la sal.

Tuve que verlo.


Besó mi hermana

la urna de su hija.

Se nos hizo de noche.

Y ya no pude.


Cal y paleta,

cemento duro, os vi

llorando por un ángel:

la angostura del nicho

todavía se turba

y se avergüenza.


Pero no la lloréis,

porque somos los ríos,

y mi niña a la mar

se abre por dentro.


Soy la hija que parte,

soy la madre que queda,

a falta ya de sí,

viviendo a ciegas.


Soy esa soledad

del pozo más oscuro,

soy el alba del canto.


Contaba ayer

mi hermana las estrellas

del cielo, y hoy le faltan,

señor, sus dos luceros.


Ojos tan generosos,

que viéndose morir,

aún nos amaban.


Enamorado, Aroa,

el polvo vuelve al polvo,

pero esos ojos tuyos

de las últimas tardes,

esas aguas serenas,

esos cielos callados,

eran ya la belleza

de dios, pequeña mía,

y nos miraban.


Vicente Gallego

A pájaros y migas

Ed. Visor Poesía (2019)





divendres, 16 de gener del 2026

Caminar


No deixem de caminar, Alèxia...




...amb molt d'amor, de la teva mare...