Que somos islas, mundos paralelos, biografías andantes, mentes a la deriva en piloto automático, se observa con claridad en la muerte de un ser muy querido.
Cuando murió Alèxia, no salía de mi asombro al ver que el mundo, no el mundo en general, sino el mundo alrededor cercano, seguía como si nada hubiera acontecido. Yo quería gritar ¡qué hacéis, que no veis que ha muerto mi hija!, no entendía como seguían en las pequeñas cosas de cada día cuando nuestro naufragio era evidente, era inconcebible que en la television siguieran emitiendo partidos de fútbol o que un vecino hablase del tiempo en el ascensor, era obsceno seguir comprando comida en el mercado, abrir el correo de casa, pensar que tendría que volver al trabajo, ver a la gente seguir navegando en su mar particular de preocupaciones mundanas, no entendía que todo siguiese su curso mientras mi vida se debatía en un hiato tremendo de desesperación y locura.
Como dice muy acertadamente Rocío Acebal Doval en su poema “Es casi inconcebible”, al final volvemos a la rueda, a esta cadena de presentes que llamamos vida, mientras su vida, la vida de nuestro ser querido, se paró definitivamente un día cualquiera de hace tantos años…
Unos le llaman a esto aceptación profunda, yo creo que es una trampa más de nuestra mente para poder sobrevivir.
ES CASI INCONCEBIBLE
Es casi inconcebible:
tu vida se ha parado mientras el mundo gira.
La gente ríe en las terrazas.
Querrías increparles
“¿cómo podéis seguir tomando café?”,
“no veis que vuestras risas son obscenas?”,
pero solo les miras con angustia.
Algunos se detienen
un instante en el duelo que te habita,
repiten los clichés
y te tocan los brazos con cuidado
de que no les salpique tu tristeza.
Después se van, murmuran entre sí
“figúrate tan joven, qué desgracia”.
Algunos llaman a sus padres, dicen
“te quiero”, “aunque no lo diga a menudo sabes
cuanto te echo de menos”,
pero poco después
hablan del fútbol, la política, el trabajo, como
si nada hubiera sucedido.
Un día -da apuro confesarlo-
tú misma te descubres en plena carcajada
mientras alguien te mira con angustia.
Es casi inconcebible:
su vida se ha parado mientras tu mundo gira.
Rocío Acebal Doval (Inédito)









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